domingo, 2 de abril de 2017

Niño malo

Cuando fue confirmado hace poco tiempo, el Fenómeno del Niño Costero fue una sorpresa para muchos, ya que en diciembre de 2016 la discusión en los medios era la severa sequía que afrontaba muchas regiones del país, mientras ahora, apenas tres meses después, hablamos de inundaciones en extensas áreas del norte sin contar los huaycos en muchos lugares y los destrozos en la infraestructura pública y privada. ¿Pudimos tener algún grado de anticipación ante esta circunstancia?

Las entidades financieras afrontan esta situación crítica de distinta manera. No solo viene por el daño en oficinas y los muchos empleados que se han visto afectados por las lluvias, sino por los numerosos clientes que tendrán problemas con los pagos de los créditos (un incremento del riesgo de crédito). Se realizará una reprogramación natural que ya es alentada por la Superintendencia de Banca y Seguros. La mora, por supuesto, va a crecer, y las estrategias de calce de balance ya no funcionarán en el nuevo escenario (el riesgo estructural se moverá aunque no podemos afirmar con claridad el sentido) por los cambios de tramos que tendremos en el lado del activo.

Sumado a lo anterior, algunos especulan con algunos problemas por el lado del pasivo y algo de presión en algunas entidades por el lado de la liquidez, pero no es algo que pueda aseverarse con firmeza (riesgo de liquidez). Y la afectación de algunas grandes empresas emisoras de bonos y con acciones que cotizan en bolsa pueden derivar en movimientos a la baja de algunos precios de estos productos (riesgo de mercado). Todo lo anterior, de manera general, se vivirá en un contexto de un escenario macroeconómico más negativo que positivo con cifras magras de crecimiento si es que éste existe, en especial cuando vemos las cifras del PBI en Fenómenos del Niño de años anteriores. Pensemos en la pesca o el agro como un ejemplo. Consideremos también otras industrias como las aseguradoras con efectos colaterales que vienen de los desastres de las últimas semanas.

Hay una multiplicidad de efectos con el fenómeno del niño desde una perspectiva de los riesgos financieros: riesgos operacionales, riesgo de crédito, riesgo de balance, riesgo de liquidez, riesgo de mercado. Con todo esto, de nuevo cabe la pregunta: ¿pudo preverse lo anterior en un contexto de sequía hace unos meses, pero con una amenaza de Fenómeno del Niño en 2015? Si la respuesta es negativa, ¿estamos sometidos a la incertidumbre sin más que hacer más que convocar a comités de crisis y aplicar planes de contingencia cuando llegue la emergencia? Si la respuesta es positiva, ¿se tuvo disponible la información adecuada? ¿Tienen las entidades encargadas de la medición y el pronóstico meteorológico la capacidad de transmitir adecuadamente la información en un lenguaje comprensible a todos los entes encargados?


La sensación es que no, que hay una especie de vacío, que pudo afrontarse esta crisis de una mejor manera y con más tiempo de previsión, pero esto se evaluará cuando pase lo peor de evento, y todos los involucrados nos pongamos a trabajar en mejores maneras de enfrentar estas situaciones, que parece que serán más frecuentes por la existencia del cambio climático.