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De la ética también se debe hablar

El análisis de las crisis financieras internacionales apunta, usualmente, a cuestiones estrictas del mercado, una cosa cientificista que se adosa a teorías monetarias o de los ciclos económicos que logran explicar bien lo que ha sucedido en los últimos años. Yo en mis clases siempre hablo de Minsky (con su teoría de la fragilidad financiera y esa poderosa e inquietante afirmación de que la estabilidad siempre lleva a la inestabilidad) y del Nixon Shock (con el que se da la bienvenida a la capacidad de los bancos centrales de emitir todo el dinero que quieran) para explicar este mundo financiero que existe hoy. Sin embargo, eso no es todo. Es que no estamos analizando un fenómeno natural, sino que el ser humano domina los espacios del aparentemente etéreo “mercado”. Parece ser una obviedad, pero debo ser enfático en ella.

Por ejemplo, vamos a la crisis sub-prime y encontramos muchas cosas, digamos, “anómalas”. Vendedores de hipotecas que tenían como único incentivo el vender más sin interesarles qué pasaba después con ese crédito, bancos que ofrecían hipotecas a personas que no podían pagarlas apostando a la devolución de la casa y su posterior venta (a un mayor precio, claro está), modeladores y estructuradores que crearon productos complejos con el fin de disimular (¡algunos decían que incluso anular!) el real riesgo, clasificadoras de riesgo que no asignaron el rating correcto a los títulos vinculados a la deuda sub-prime, especuladores de seguros de riesgo de crédito que transaron estos seguros de manera indiscriminada, vendedores de títulos que colocaban sabiendo que lo que vendían no valía nada. ¿Una cuestión de mercado, nada más? Evidentemente no; la carga ética de estas situaciones es evidente. La economía habla de incentivos, de riesgo moral, pero estos conceptos son insuficientes.

A pesar de su evidente importancia, no se habla tanto de la ética. Llueven, por supuesto, las sanciones. Le han caído varias a los grandes bancos y a las clasificadoras de riesgo. Los islandeses encarcelaron a sus banqueros, pero todo esto parece no bastar. Los intentos de reforma de Obama fueron tibios, y a pesar de esa tibieza de reforma, Trump parece tener la intención de derribar todo lo construido (Dodd-Frank, Volcker Rule) para dejar todo como siempre. La ética se menciona con sutileza, circunscrita a códigos que es evidente que no sirven como contrapeso a la realidad aplastante que, como bien decía Adam Smith, es dominada por la codicia. O citada en discursos de las autoridades y personas vinculadas a las entidades financieras, o también en la publicidad. Lo que nos muestra la realidad es que no es importante. Todo, a fin de cuentas, acaba teniendo un precio, sino recordemos el muy reciente caso de la compra de bonos de Petróleos de Venezuela por parte de Goldman Sachs. No importa la ética, solo la ganancia.

Las crisis financieras tienen alrededor de ellas una fuerte carga ética. Si no luchamos en serio contra esta carga, la incertidumbre será aún mayor de la que ya es, pero el mundo parece estar ahogándose en ella, sin tener grandes alternativas para combatirla. Muchos ganan con ella, evidentemente. ¿Qué podemos hacer desde nuestros pequeños espacios?

Comentarios

  1. Profesor, Efectivamente de la ética también se debe hablar y del riesgo moral que se produce por las asimetrías de la información. También hay que agregar que también la perseverancia en un creencia (aunque moralmente sea buena) puede llevar a quebrar empresas. En mi opinión, existen factores conductuales y/o emocionales que determinan las decisiones de los agentes económicos como en el caso Baring: (a) el sesgo de perseverancia en creencias, (b) así como los principios y valores forman parte del cimiento sobre el cual se va forjando de una compañía, vida empresarial o un profesional en las diferentes culturas e idiosincrasias; (c) en las decisiones económicas influyen las emociones, por lo que el mercado muchas veces es impredecible ya que estos están hechos de personas que tienen sentimiento.

    Atentamente: Renson Ccatay Ureta (Maestría en Finanzas Corporativas - Centrum Católica)

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  2. ¿Realmente podremos vencer a la codicia? La verdad, lo dudo mucho.

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  3. Desde mi punto de vista, las compañías pueden tener los mejores controles, los colaboradores con mejor IQ, caso LTCM (Incluso 2 premios nobel), pero la ambición descontrolada y desmedida puede traer consigo el rompimiento con la ética, por eso considero que para tener personas con principios y valores bien sentados es importante comenzar desde la niñez y desde casa, sin embargo cuando hablamos de ética tendríamos que definirla, para algunas personas un acto es lo correcto, para otros es inmoral, por ejemplo los vendedores, para ellos quizá esté bien vender sin medir el impacto de riesgo.
    Es importante mencionar que la ética cuyo origen se remonta a la época de oro de la Grecia con sus grandes pensadores, no tiene margen de error.

    Atentamente: Miguel Figueroa Gonzales (Maestría en Finanzas Corporativas - Centrum Católica)

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  4. La historia nos ha enseñado que las crisis tienen un fundamento central y no es de reglas y normas mal hechas , ni de politicas y gobiernos , pues siempre ha se ha sabido que existen normas éticas en nuestras sociedades, y que, sin embargo, no han podido evitar la crisis. Pero esto probablemente ha sido porque no todas las éticas son igualmente eficaces .Las éticas basadas en reglas externas (leyes, normas sociales o códigos corporativos), y no basadas en la persona que actúa, pueden no ser buenos guías para la acción. Realmente las personas siempre buscamos nuestro beneficio personal (en la mayoría de los casos ) y en ese punto entre hacer lo correcto o buscar ganar nuestro beneficio, se pierde el equilibrio de los individuos , las empresas y las sociedades .

    Atentamente: Wilson Castillo Oviedo (Maestría en Finanzas Corporativas - Centrum Católica)

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